Reseña en Literaturas

Publicado: septiembre 13, 2012 en Reseñas
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El Thriller es un género usualmente maltratado en la literatura. Algo así como el “cine comercial”. Una especie de Indiana Jones literario que suele despreciarse a priori, en aras de no se sabe bien qué.

Pues dicho esto y superados los prejuicios, David Yagüe ensambla su opera prima sin complejos y con oficio, para construir una novela entretenida en la línea de la tradición anglosajona. La premisa de la historia, el secuestro de un Contratista americano a manos de la insurgencia en el Irak post Sadam, sirve para ofrecer un fresco del conflicto lleno de ambigüedades, sin dejar de lado un propósito firme y decidido por ofrecerle al lector un entretenimiento ameno y una oportunidad para reflexionar.

Más allá de la trama y sus aristas, el autor se preocupa por reflejar las diferencias culturales, vitales y de conciencia, entre dos mundos que parecen condenados a enfrentarse, sin dejar nunca de lado el aspecto meramente humano del conflicto y los sentimientos que lo alimentan. El miedo, la violencia extrema, el odio, la codicia…

Para articular la trama el autor se vale de una ambientación creíble y un estilo conciso puesto al servicio de la acción. Un ejercicio dinámico en el que se persigue el ritmo por encima de otras consideraciones estéticas y que logra despertar en el lector una sensación casi visual, que engarza, a mi modo de ver, con el aire cinematográfico de toda la novela.

Dentro de su estructura, periodística y escueta, a ratos emparentada con los informes militares y profusamente documentada, David Yagüe mantiene, a lo largo de la narración, una voluntad, más o menos soterrada, por arrojar luz a las tinieblas. Por encontrar una brizna de cordura en el desierto, la destrucción, la guerra. Un esfuerzo por mantener el pulso a sus personajes sin abandonarles del todo a la espiral de violencia que les rodea. Aunque esos mismos personajes puedan, a veces, resultar estereotipados,  mantiene la impresión de que no se alejan demasiado de la realidad. Una realidad que por momentos resulta imposible de abarcar en toda su amplitud. Aunque eso tampoco importa. Lo que importa es que el relato mantiene vivo el interés del lector y funciona.

¡Muchas gracias Irene R. Aseijas! Podéis leer la reseña original aquí.

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